Educación financiera y brecha de género: ¿por qué es importante empezar desde la infancia?

Hablar de educación financiera es hablar de ahorro, planificación, consumo responsable o gestión del dinero. Pero también es hablar de algo menos evidente y probablemente igual de importante: la confianza para tomar decisiones.

Los últimos datos sobre competencias financieras en España muestran una diferencia significativa entre hombres y mujeres en la edad adulta. Según la Encuesta de Competencias Financieras del Banco de España, los hombres responden correctamente, de media, al 58% de las preguntas sobre conceptos financieros básicos, mientras que las mujeres lo hacen en el 48%. Diez puntos de diferencia.

Sin embargo, cuando observamos qué ocurre unos años antes, aparece una pregunta interesante: ¿esa brecha existe ya durante la adolescencia? La respuesta parece ser que no.

A los 15 años, chicos y chicas parten prácticamente del mismo punto

Los resultados de PISA 2022 no encontraron diferencias estadísticamente significativas entre chicos y chicas españoles de 15 años en competencia financiera. Es decir, la distancia que encontramos posteriormente en la edad adulta no parece estar presente de la misma manera durante la adolescencia. Y esto debería hacernos preguntarnos qué ocurre por el camino.

Porque aprender a relacionarnos con el dinero no depende únicamente de aquello que nos enseñan de forma explícita. Influyen también las experiencias que vivimos, las oportunidades que tenemos para tomar decisiones, nuestros referentes, las expectativas del entorno y la seguridad con la que afrontamos determinadas situaciones.

Saber la respuesta y sentirse capaz de responder no siempre es lo mismo

Hay otro dato especialmente interesante: En las pruebas sobre conocimientos financieros, las mujeres responden “no lo sé” con más frecuencia que los hombres: un 16% frente a un 9%.

Conviene interpretar este dato con cautela. Seleccionar “no lo sé” no permite determinar automáticamente que una persona desconozca la respuesta. Puede reflejar una falta de conocimientos, pero también mayor prudencia, cautela o menor seguridad al responder. Y precisamente ahí aparece una cuestión fundamental para la educación. No basta con adquirir conocimientos. También necesitamos aprender a utilizarlos con autonomía y confianza.

  • Saber calcular, pero también atreverse a decidir.
  • Entender las opciones, pero también sentirse capaz de elegir entre ellas.

La confianza también condiciona nuestras oportunidades

Esta relación entre conocimiento, confianza y toma de decisiones no aparece únicamente cuando hablamos de dinero.

Durante años se ha citado un dato procedente de un informe interno de Hewlett-Packard según el cual las mujeres tendían a presentarse a una oferta de empleo cuando consideraban que cumplían todos los requisitos, mientras que los hombres lo hacían aun cumpliendo aproximadamente el 60%.

La cifra se ha popularizado mucho y debe interpretarse con prudencia, ya que no procede de un gran estudio académico. Sin embargo, otros análisis posteriores sí han observado diferencias relevantes. LinkedIn encontró, por ejemplo, que las mujeres solicitan alrededor de un 20% menos de puestos de trabajo que los hombres y que, cuando finalmente presentan su candidatura, tienen un 16% más de probabilidades de ser contratadas.

La reflexión que dejan estos datos va mucho más allá del empleo. ¿Cuántas oportunidades podemos dejar pasar no porque no tengamos las capacidades necesarias, sino porque no confiamos suficientemente en ellas?

Educación financiera no significa enseñar a invertir a un niño

Cuando hablamos de introducir la educación financiera desde edades tempranas, a veces pensamos inmediatamente en conceptos como inversión, rentabilidad, hipotecas o productos bancarios, pero la educación financiera infantil empieza mucho antes y con cuestiones mucho más sencillas.

Un niño está aprendiendo educación financiera cuando comprende que:

  • si tiene 10 euros, no puede gastar 15;
  • comprar una cosa implica renunciar a otra;
  • ahorrar significa posponer una recompensa;
  • los recursos son limitados;
  • antes de comprar podemos comparar;
  • una decisión económica tiene consecuencias;
  • equivocarnos administrando una pequeña cantidad también puede ser una oportunidad para aprender.

Son aprendizajes aparentemente sencillos, pero están construyendo algo mucho mayor: autonomía.

Emprender también es aprender a decidir

En MBA Kids trabajamos la educación financiera dentro de un aprendizaje mucho más amplio: el emprendimiento.

Cuando un grupo de alumnos desarrolla un proyecto tiene que enfrentarse continuamente a decisiones.

  • ¿Cuánto cuesta nuestra idea?
  • ¿A qué precio podemos venderla?
  • ¿Tenemos suficiente presupuesto?
  • ¿Qué necesitamos realmente?
  • ¿Qué podemos eliminar?
  • ¿Qué opción es mejor?
  • ¿Merece la pena asumir este riesgo?

No hay siempre una respuesta escrita al final del libro. Y ese es precisamente el aprendizaje. Porque emprender obliga a los alumnos a utilizar conocimientos, pero también a tomar decisiones con ellos.

La autonomía financiera también se entrena

Si chicos y chicas muestran niveles similares de competencia financiera durante la adolescencia, pero encontramos una brecha en la edad adulta, tenemos una oportunidad educativa importante.

No podemos controlar todos los factores que aparecerán después. Pero sí podemos ofrecer desde la infancia espacios en los que tanto niños como niñas puedan decidir, equivocarse, negociar, liderar, calcular, preguntar y defender sus ideas.

Porque educar financieramente no consiste únicamente en enseñar a manejar dinero. Consiste también en ayudar a niños y jóvenes a sentirse capaces de tomar decisiones sobre él.

Y cuanto antes empecemos a entrenarlo, mejor preparados estarán para hacerlo cuando esas decisiones sean realmente importantes.