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Cómo convertirnos en facilitadores, no en solucionadores de nuestros hijos

Como padres y educadores, nuestro instinto natural es proteger. Queremos evitar que nuestros hijos sufran, se frustren o cometan errores. Sin darnos cuenta, muchas veces actuamos como solucionadores: resolvemos sus problemas, tomamos decisiones por ellos y allanamos el camino para que todo sea más fácil.

Sin embargo, en un mundo cambiante y lleno de retos, nuestros hijos no necesitan adultos que les solucionen la vida, sino adultos que les enseñen a pensar, decidir y confiar en sí mismos. Ahí es donde entra el verdadero rol del facilitador.

¿Qué significa ser un facilitador?

Ser facilitador no implica desentenderse ni dejar a los niños solos frente a las dificultades. Al contrario: significa acompañarlos, guiarlos con preguntas, ofrecerles herramientas y crear un entorno seguro donde puedan experimentar, equivocarse y aprender.

Un solucionador da respuestas.
Un facilitador provoca reflexiones.

Un solucionador actúa por el niño.
Un facilitador confía en la capacidad del niño para actuar.

El error como parte del aprendizaje

Uno de los mayores regalos que podemos darles a nuestros hijos es permitirles equivocarse. El error no es un fracaso, es información. Cuando intervenimos demasiado rápido para “arreglar” la situación, les quitamos la oportunidad de desarrollar habilidades clave como la resiliencia, la creatividad o la toma de decisiones.

Preguntas como:

  • ¿Qué crees que podrías hacer diferente?
  • ¿Qué opciones tienes ahora?
  • ¿Qué aprendiste de esto?

son mucho más poderosas que dar una solución inmediata.

Fomentar la autonomía desde pequeños

La autonomía no aparece de la noche a la mañana; se construye día a día. Dejar que el niño elija, se organice, gestione pequeños conflictos o asuma responsabilidades acordes a su edad fortalece su autoestima y su sentido de competencia.

Cuando confiamos en ellos, les estamos enviando un mensaje claro: “Creo en ti y en tu capacidad”. Ese mensaje se convierte en una base sólida para su futuro personal y profesional.

El rol del adulto: guiar, no controlar

Convertirnos en facilitadores implica soltar el control y aceptar que el camino del aprendizaje no siempre es perfecto ni lineal. Nuestro papel es observar, escuchar y acompañar, no dirigir cada paso.

En MBA Kids creemos que el desarrollo de habilidades como el pensamiento crítico, la inteligencia emocional y el espíritu emprendedor comienza en casa y en la escuela, cuando los adultos cambiamos la forma en la que intervenimos.

Prepararlos para la vida, no solo para el momento

La pregunta clave que podemos hacernos es:
¿Estoy resolviendo este problema para que sea más fácil ahora, o estoy ayudando a mi hijo a estar preparado para el futuro?

Cuando elegimos ser facilitadores, estamos formando niños más seguros, responsables y capaces de enfrentarse a los desafíos con confianza.

Porque educar no es dar todas las respuestas, sino enseñar a hacer las preguntas correctas.

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